Publicado en Teen-Movies

El efecto Pigmalión en las teen movies

No es la primera vez que hablamos del efecto Pigmalión o de Cenicienta. Ya hicimos esa comparación con La chica de rosa y Alguien como tú. Pero esta vez vamos a tratar el punto de vista masculino, cuando nos encontramos con un ceniciento.

El origen del efecto Pigmalión, como muchos tropos de la narrativa, proviene de la mitología clásica. En este caso de la griega y la relación entre Pigmalión, un escultor que se enamoró de su propia estatua, Galatea que cobró vida gracias a Afrodita. Esto se ha transformado a lo largo de los años como la historia de alguien que forma y moldea a la persona amada.

El ejemplo más claro lo encontramos en My Fair Lady protagonizada por Audrey Hepburn y que se basaba en la obra de teatro Pygmalion. Pero como hemos dicho no siempre el personaje que cambia su apariencia y conducta a la visión de la persona que lo “ama” es una mujer. Hoy vamos a hablar de Can’t buy me love protagonizada por un jovenzuelo Patrick Dempsey y que podéis ver en Disney Plus.

Dempsey es Ronald un estudiante que se gana unos ahorros limpiando las piscinas de sus compañeros más adinerados. Está loco por Cindy, la chica más popular del instituto pero al pertenecer al grupo de los cutres, ella no le presta atención. Pero las cosas se empiezan a torcer en la vida de Cindy. Su chico no le hace caso y acaba de destrozar un vestido nuevo que le ha costado un dineral. Es ahí cuando Ronald ve la oportunidad. Ha estado ahorrando para comprarse un telescopio pero decide invertir ese dinero en un plan: hacerse popular. ¿Y cómo lo hará? Pagará a Cindy su codiciado vestido a cambio de que ella finja que le gusta.

Si la capitana de las animadoras le presta atención su popularidad crecerá al instante. Y así es. Tras unos días saliendo y con algunos consejos de Cindy, Ronald consigue ser el chico más guay de todo el instituto. Pero todo eso era una farsa y Cindy tiene que dejarle públicamente como habían pactado.

Tras la falsa ruptura, el resto de chicas están encantadas con el nuevo soltero del insti y a Ronald pronto se le sube la fama a la cabeza. Deja de lado a sus amigos en incluso menosprecia a la propia Cindy que tras una pelea con su novio al que no le ha hecho nada de gracia esta “prostitución” confiesa todo y devuelve a Ronald a sus orígenes: ser un cutre.

Esta historia titulada con una canción de Los Beatles fue adaptada oficialmente años más tarde, cuando escuchábamos otro tipo de música y es cuando llegó Love don’t cost a thing (esta vez pasamos a Jennifer López) y los protagonistas en cuestión eran Nick Cannon y Christina Millian. Pero también encontramos la misma trama en otra película con título de canción pegadizo, Drive me crazy (Britney Spears) con Melissa Joan Hart y Adrian Greiner.

Curiosamente mientras en el caso de las chicas con Andy (Molly Ringwald) y Laney (Rachael Leigh Cook) tras el cambio a lo Cenicienta son rebajadas de ese nuevo estatus por los antagonistas, simplemente por envidia o por pensar que nunca merecieron estar en ese lugar. Ellas no cambian o no abandonan sus principios y amigos, mientras que en el caso de las historias masculinas observamos como la fama les corrompe, convirtiéndolos a ellos durante unos minutos en los malos de la película.

En ambos casos de todas formas, deseas que los personajes vuelvan a su origen porque el mundo que les rodea cuando son populares deja mucho que desear.

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