Hustlers mola un montón: al mismo tiempo que es mamarracha sabe cómo ser emotiva y hasta emocionante (el papel de nuestra querida Julia Stiles como reportera le da un toque “misterioso” a la peli… que en realidad no tiene). La historia de un grupo de strippers que se dedica a robarle la pasta a los ejecutivos de Wall Street está basada en un artículo del New York Times y le está consiguiendo a Jennifer López las mejores críticas de su carrera… y, sí, vale, J-Lo está muy bien pero… ¿está mejor que en Out of Sight de Sorderbergh o en U-Turn de Oliver Stone? Pues mira, no.

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Quien se lleva la película de calle, para mí, es Constance Wu, un nombre que había leído 20.000 veces en internet pero a la que nunca había visto actuar: ES MUY BUENA. Me apunto ya como obligatorias Crazy Rich Asians, Fresh Off the Boat, Sound of My Voice o la enigmática Parallels, en la que comparte cartel con mi admirada Jessica Rothe de Feliz Día de tu Muerte y secuela.

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Casi más que con su interpretación, con lo que flipo de verdad es con el salto cualitativo que ha pegado Jennifer López a la hora de leer guiones; ha pasado de aquel agujero negro llamado The Boy Next Door en 2015 a Hustlers en 2019, es decir, de un “directo a vídeo” (vale, estrenada en cine pero que no daba ni para tv-movie de Antena 3) a un “candidata al Oscar”. Como tantos actores y actrices, Jenni from the block tiene de todo en su currículum: morralla divertida (Anaconda, 1997), locuras arties (La Celda, 2000) y comedias tontorronas (Jefa por accidente, 2018)… pero The Boy Next Door es un sub-producto absolutamente infame, sin rafagazos delirantes a los que agarrarse en el naufragio tipo Katherine Heigl tirando de los pelos a Rosario Dawson, Beyonce declarándole la guerra a una Ali Larter desatada o Emily Blunt siendo la mejor borracha del cine reciente. Pese a esta nadería, es de admirar lo esforzada que está Jennifer López en el papel de profesora-de-literatura-clásica-con-problemas-matrimoniales.

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El argumento de The Boy Next Door es tan fino que casi se puede ver a través de él: un joven macizorro (que resulta ser un psicópata de tomo y lomo) se acuesta con su vecina madurita (J-Lo) y se obsesiona con ella hasta el punto de amenazar la vida de su familia si no sale con él (en serio, J-Lo le dice que ha sido un error y él quiere forzarla mediante sus retorcidas técnicas psicópatas a que “sea su novia”, ¡¿pero en qué planeta vives, muchacho?!). Mala hasta decir basta, no tiene mayor interés que la escena “picante” en la que la adulta responsable se acuesta con el jovencito “inexperto”… una vez se consuman las miraditas aquello deriva en un telefilm horrendo del que renegaría hasta Eric Roberts. Esto debió importarle más bien poco a Jason Blum, que con 4 millones y poco de presupuesto hizo más de 50 en taquilla. Este sí que es un hustler, pero de audiencias.

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