Creíamos que Wonder Woman iba a ser la superheroína del momento pero eso es porque no sabíamos lo que estaba por llegar. Y eso era Colossal. Aunque Anne Hathaway ya tenía experiencia interpretando a personajes casi heroicos como su Catwoman en The Dark Night, es Gloria la que ha la alzado al olimpo de los dioses de los superhéroes.

Colossal es la nueva película del director español Nacho Vigalondo y llevábamos bastante tiempo esperando a verla tras leer las primeras críticas tras su pase por festivales. Y el hype cumplió.

Gloria es la verdadera Wonder Woman del siglo XXI. La conocemos en su peor momento: tiene problemas con la bebida, no encuentra trabajo y la acaba de dejar su novio que la ha echado de su apartamento. Gloria carga con lo único que tiene y vuelve al pueblo donde se crió. Su reencuentro con su antiguo compañero Oscar le consigue un trabajo como camarera en el bar del que es dueño.

Y entonces tras una enorme borrachera, un gran monstruo ha destruido Seúl. El problema es que el monstruo es ella. Gloria lejos de dejar que le consuma ser la responsable de esa tragedia, intentará por todos los medios que no vuelva a ocurrir. Pero esta película no va de echarle las culpas a Gloria, porque todos somos imperfectos, todos la cagamos, todos somos egoístas en algún momento de nuestra vida y lo que nos define es qué hacemos cuando tenemos que luchar o salir huyendo.

Gloria es un kaiju, un monstruo, es nuestra Wonder Woman. Una persona que mete la pata y pide perdón (ojo a este momento) y se responsabiliza de sus actos sin dejar que los demás sean los que le digan qué tiene qué hacer o cómo debe actuar.

Colossal es una película feminista. Estamos ante una historia sobre una mujer rodeada de hombres que la quieren manejar. Pero también habla de monstruos, como elemento literal y sobre los monstruos que todos tenemos dentro. Algunos pueden considerar que Gloria lo es porque es alcohólica, porque es inmadura o egoísta pero no todos los monstruos son malos.

Gloria se responsabiliza de unos actos que ha realizado sin ser consciente de ello. Eso la hace humana en una época en la que ponemos miles de excusas para no reconocer el daño que causamos. El ataque de un monstruo en Seúl se puede comparar con los ataques virtuales a través de artículos, foros o tweets en los que se ataca a un colectivo o personas individuales. Es algo virtual, es irreal, no hace daño de verdad. Pero lo hace y el no ser consciente de ello es lo que nos convierte en monstruos, en haters, trolls o abusadores.

En la vida real no podemos reconocer a los monstruos tan fácilmente, se esconden detrás de avatares y nombres falsos. Colossal nos enseña a ser como Gloria, tenemos que hacer frente a estos monstruos y a tener cuidado porque no todos los que están a nuestro lado son aliados.

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