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Como ya te contamos en la primera parte de este post (y como te vamos a contar con muuuuucho más detalle en el Libro de Sensa que publicamos este año) Brandon Priestley se pone muy rajador en su biografía. Haciendo homenaje a su apellido, se pone en plan PRIEST(ley) y pontifica continuamente, sobre esto y sobre lo otro. Pero es que claro, es su libro, ¡a eso hemos venido! Si no pontificara como Jason Priestley sino como Belén Esteban, el libro se llamaría “Ambiciones y reflexiones” (… y vendería muchos más ejemplares, ¡asúmelo, Brandon!).

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Jason señala al tío de la izquierda del todo, ¿os suena?

Lo bueno de rajar continuamente es que ni siquiera él se libra de los hachazos. No es menos duro con él de lo que lo es con Mischa Barton: en el libro deja muy claro que tras dejar “Sensación de Vivir” (lo que considera un error puesto que el encasillamiento como Brandon ya estaba ahí, y lo mismo daba seguir dos temporaditas más…) estaba un poco perdido. Y, confiesa Priestley, siempre que no ha tenido una meta que conseguir en la vida (este tío es muy “achiever”, es una Andrea Zuckerman) ha pagado las consecuencias. En su caso, los años post-Sensa fueron ricos en fiestas, alcohol, drogas… y cárcel. El actor relata cómo pasó unos días de “retención domiciliaria” en una extraña casa de las colinas donde solo podía jugar a las cartas con un grupo de rusos probablemente encerrados allí por evadir impuestos (así son las “cárceles para ricos y/o actores famosos”).

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Pero no es solo eso; accidentes de coche, perder la amistad con gente, tirar por la borda su fama de “hard-worker” que se había ganado a pulso cumpliendo siempre LIKE A PRO en Sensa y sus incursiones peliculeras… El chico desbarró seriamente tras “Sensación de Vivir”, metiéndose en una vida de excesos que es como ver a Dylan en la quinta temporada, cuando Valerie le pone la cabeza loca. Esa época ha quedado atrás tras casarse con una guapísima maquilladora inglesa a la que conoció frente a un Pizza Hut (Jason cuenta con gracia que su mujer quiere recordarlo como que se conocieron en Londres frente al teatro que lleva haciendo tantas funciones de “Los Miserables” desde hace años… pero Jason dice que no, que fue frente a un Pizza Hut). Otra época que quedó atrás es aquella en la que Jason Priestley compartía piso con Brad Pitt.

Pues sí, resulta que Brandon Walsh y Brad Pitt compartieron cuchitril en Los Ángeles cuando ambos eran dos jóvenes soñadores sin un dólar en el banco pero con muchos sueños en su mochila. Jason cuenta que Brad era un tipo sencillo y honesto. Y responsable. Que, al contrario que otros amigos actores de por entonces, si le pedías a Brad que fuera a recogerte al aeropuerto a tal hora, sabías que iba a estar allí a la hora señalada. A la hora señalada es una peli de Johnny Depp, actor al Jason también conoció y… bueno, eso en otro momento, ahora estábamos con Brad.

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Aparte de responsable, Brad tenía grandes sueños, que se materializaron al aparecer en “Thelma & Louise” de Ridley Scott, una película que aún es recordada hoy en día (mira, me dan ganas de bajármela y ponérmela ahora mismo). Jason y su círculo de amigos se alegraron mucho por el éxito de su colega y le montaron una fiesta para celebrarlo (para celebrar el éxito del film, no el hecho de que Brad estuviera liado en secreto con Gina Davis…). En la fiesta, Brad les cortó un poco el rollo a todos cuando se presentó con un regalo muy especial para todos sus amigas: una biblia forrada para cada uno de ellos, con su nombre grabado en la portada. La gente se quedó un poco descolocada (¡¿una biblia?! ¿desde cuándo es tan religioso este tío?)… y Brad empezó a partir de risa cuando los chicos abrieron cada uno su ejemplar y descubrieron una pequeña petaca llena de whisky. Dice Jason que Brad Pitt era un bromista de cuidado y que ahora que es una estrella mundial no puede sino estar contentísimo por él.

(Por cierto, me gustaría alguna vez que dijeran de un actor famoso que es “muy serio, algo apagado, no le gustan las bromas”… ¿¿todas las stars tienen que ser los graciosos de la clase??).

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La corbata de Brandon. Reflexionemos.

De Brad dice otras cosas, como que tenía una buena colección de novias, como una tal Juliette Lewis y alguna otra que solían pasarse por el cuchitril que compartían (Gina Davis no puso el pie en aquel cuchitril porque, bueno, era GINA DAVIS y por aquel entonces tenía un nivel como para no poner el pie en ciertos pisos…). No es que fueran amigos de la muerte, ya han perdido todo contacto, pero sí fueron dos tipos que perseguían los mismos sueños y que los acabaron consiguiendo… aunque de formas diferentes. Es como lo que cuenta de Shannen Doherty y sus formas de comportarse en el plató de “Sensación de Vivir” y fuera de él. Por ejemplo, aquella vez que fueron a unos upfronts de la FOX a presentar la serie y cuando Shannen vio aparecer el coche que les fue a recoger dijo que… Bueno, perdonad, pero es que me avisan de WordPress de que los posts que duran más que una película de Transformers generan mareos entre los lectores, así que eso os lo contamos en el próximo post de esta saga.

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