La temporada que recuerdo con más cariño de “Dawson Crece” es, sin duda, la segunda temporada. Comencé a ver la primera temporada cuando iba a casa de mi prima, que por aquel tiempo era la que tenía Canal Plus (donde emitían la serie), y cuando por fin convencí a mi madre de que se pusiera Canal Satélite estaban echando los últimos episodios de esa temporada. Así que muchos de la primera me los perdí, y no fue hasta la segunda tanda cuando empecé a ver la serie de seguido.

La serie me atrapó por dos motivos. Por un lado, empecé a empaparme del mundo audiovisual, las continuas referencias cinéfilas y seriéfilas, los diálogos agudos de los personajes y los sueños de director de Dawson, me hicieron investigar sobre el mundo del guión, incluso del doblaje,  y creo que fue con esta serie (que es una de las que mejor dobladas está) por las que me fascinó esta profesión.

Por otro lado, “Dawson Crece” era una serie que me definía, yo era una Dawson Leery más que vivía a través de las series y películas, más que en la vida real. Y es que la vida real durante la adolescencia es una auténtica mierda, que va dejando trauma tras trauma, si no preguntadle a Joss Whedon que hizo una serie sobre el horror del instituto y no se le ocurrió otra cosa que meter vampiros para dejar claro que esos años son una pesadilla.  No voy a entrar tampoco a contar mi aburrida vida a los quince años, porque es, bueno, aburrida, pero sí que me sentía mucho más identificada con unos personajes ficticios que con los compañeros de clase (aunque siempre hay excepciones y una acaba aprendiendo de toda clase de experiencia).

Pero siempre he pensado que “Dawson Crece” me daba un punto de vista positivo. Llegué a considerar amigos a esos personajes y aprendí mucho de ellos. Esta serie enseña  valores a los adolescentes, te enseña a no hacer lo que los demás hacen, te enseña a ser tú mismo, a luchar por tus sueños y a no juzgar a las personas. Si hubiese hecho caso más a personas reales que a Dawson y a compañía, seguramente fuera una gilipollas.

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También tuve mi vena obsesiva con la serie, mi amor por Pacey (aún tengo su foto enmarcada y mi novio no para de meterse conmigo por eso), mi decisión de pelarme con Jen (que no quedó muy mal la primera vez, peor la segunda); o cuando me compré una estantería en forma de barco porque Dawson tenía una en su cuarto. Además de mi llorera como una perra cuando me enteré de que echaban a Meredith Monroe (Andie) de la serie, aunque ahí estuvo Joshua Jackson para alegrarme el día cuando en la fiesta de los 100 episodios allá por la quinta temporada (cuando ya había perdido todo interés por la serie) se coló con una foto de ella clavada en su chaqueta porque no la habían invitado.

Y es que estos dos siempre han sido mis favoritos, como personajes y como pareja. Joey y Dawson eran demasiado aburridos y la Potter se pasaba de tonta muchas veces con sus rollos de buscarse a sí misma y su pasión por el arte (que le duró tan sólo una temporada). Pacey y Andie era todo lo contrario. Al principio no había dramas, era diversión y continuos choques entre ellos, ese tópico infantil de chinchar a quien te gusta. Pero la relación fue evolucionando, la ordenada y empollona de Andie hizo ver a Pacey que era más listo de lo que se imaginaba, que era capaz de sacar sobresalientes y que podía ser todo un héroe. Y es que Andie necesitaba tanto ser salvada como Pacey necesitaba sentirse necesitado, útil, es decir, un héroe; y la problemática vida de Andie le dio la oportunidad.

La tragedia de Andie ha dejado escenas muy emotivas como cuando ella le confiesa la enfermedad de su madre, la última vez que bailan (a pesar de la horterada de camisa que llevaba Pacey) y la despedida antes de que se marchase. Una relación preciosa aunque destinada al fracaso, que sinceramente creo, le da mil vueltas a la relación posterior que mantienen Pacey y Joey. Durante la tercera temporada, ya con un Kevin Williamson ausente, Dawson pasa a un segundo plano y el centro de la serie lo ocupan Pacey y Joey, que comienzan una relación a escondidas.

El problema aquí es que mientras que Pacey está en esa relación durante la tercera temporada y la cuarta, se convierte en un personaje deprimente y llega a convertirse en un capullo, nada que ver con el Pacey de las anteriores temporadas. Joey le hace sentir inseguro, por un lado porque no para de comparar su relación con la de Dawson y por otro porque considera que él no es digno de ella. Pero el colmo se lo lleva la cuarta temporada que es cuando su personaje llega a ser hasta detestable en algunos momentos (error de guionistas que seguramente con un final pensado para reunir a Dawson y Joey obviaron completamente que Pacey Witter ya tenía una personalidad formada y que no se parecía en nada a lo que estaban mostrando) sobre todo en el episodio donde Joey Potter, la eterna novia de América, por fin pierde su  virginidad con él y se da a entender que se ve presionada por el miedo a que él la deje por otra. Pero ¿eso haría Pacey? ¿El mismo personaje que le dice a Andie que esperará lo que haga falta, la lleva a cenar, alquila un parador y lo llena de velas y encima justo ahí le dice que no hará nada que ella no quiera? ¿Es el mismo personaje? Porque da la sensación de que lo han cambiado.

A raíz de ahí mi interés por la serie fue decayendo y, de las siguientes temporadas -que titularemos como “Joey Crece”-, vi tan sólo episodios sueltos donde ahora Dawson no estaba o si estaba no se le veía, Joey Potter ya no era una chica borde, enfadada con el mundo que pasaba de cómo la veían los demás y se convertía en la típica perfecta universitaria que lo mismo te saca un diez que te hace un concierto.

Los únicos que parecen mantener el tipo son Jen, Jack y Pacey aunque siempre con algunas idas de olla. Aunque como he dicho la caracterización de los personajes, a veces tambalea, para el final de la serie, ya con la vuelta de Kevin Williamson, las aguas vuelven a su cauce. Dawson sigue con los mismos sueños de siempre, uno lo ha cumplido, ser guionista, mientras que a Joey la pierde definitivamente en brazos de Pacey Witter (que esperemos haya superado sus traumas en esa relación), Jack es un hombre feliz junto al hermano de Pacey (que al cabo de tantos años resulta que Pacey tenía razón y era gay) y la única pega, es el final de Jen. Aunque queda bien que sea ella quien cierre la serie, comenzó con su llegada a Capeside y acaba con su marcha, finalizar así con uno de los mejores, o el mejor, personaje de la serie puede que no sea un final muy digno.

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5 Comentarios »

  1. Qué gran post! Mi amor por Pacey es eterno y tienes toda la razón sobre su relación con Andie.
    Mi amado Clark me regaló una Bola n•8, igual que le que le regaló Pacey a Andie, detallazooo!
    Enhorabuena Pili H.!!

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