Lo primero es lo primero: en el episodio se hace referencia a una “magic house” que la madre de Max le regaló a este siendo pequeño, para que se abrazara a ella cuando se sintiera triste. Jamás se la llama “toy house”. Así que, ¿a quién se le traspapeló el título? Quitando ese errorcillo, nos encontramos con uno de los mejores episodios, junto con el piloto y el de la ola de calor. Es un capítulo que toca mucho la patata. Curiosamente, no tiene en el centro del mismo a Max y Liz, sino a la madre de Max e Isabel. Hmmmm…

Hay un incendio en la cocina de los Evans y Max, haciendo gala de sus super-powers a lo Clark Kent en “Smallville”, apaga el fuego y salva a su madre. Eso es antes de los créditos. Así que luego ya intuís lo que viene: la madre de Max intentando sonsacarle a su hijo qué es lo que pasó de verdad (se pone a ver vídeos de sus hijos de pequeños en el que descubre cosas raras, el Sheriff Valenti no pierde la ocasión para contarle lo del Crashdown Café del piloto, etc.). Max e Isabel discuten si contarle o no la verdad a su madre. Es un episodio intenso y muy entretenido. A veces deseas que la madre lo averigüe y a veces deseas que Max le dé un sartenazo en la cabeza a la mujer, para que deje de hacer tantas preguntas.

Está bien reflejada la angustia de Isabel por no contarle la verdad a la que realmente considera su madre, y la confusión de Max, que quiere a su madre pero no piensa arriesgar su secreto tan fácilmente como Isabel. Además, hay una escena en la que la madre “despierta” a Max de ese limbo emocional en el que vive y saca de él una reacción de ira y hasta… ¿humana?

Por lo demás, Michael y María tienen un rifirrafe que acaba con un bonito gesto del chico hacia ella; y Kyle y Liz hacen las paces y prometen intentar ser amigos. Esta es una gran decisión porque el personaje de Kyle será muy aprovechable (y divertido) en el futuro de la serie.

Un episodio muy recomendable que se interna en terreno desconocido hasta el momento en la serie: las relaciones entre padres e hijos. Hablando de padres, la madre de María no ha vuelto a asomar el careto y los padres de Liz son prácticamente fantasmas. No es que me esté quejando, es que o los pones o los quitas, pero ese “están pero no” me confunde.

Sobre la música, esta vez se salva Amy Hit the Atmosphere de los Counting Crows, porque el tema se repite varias veces en el episodio y Max e Isabel hacen referencia a él mientras lo escuchan (cuando eso pasa, suelen respetarlo).

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